Michael Jordan y su contacto con el rey

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PRENSA ALGODONEROS (Nota y Fotos: MLB)

CHICAGO. En 1994, Michael Jordan decidió jugar beisbol profesional al firmar con la organización de los White Sox y convertirse en un jardinero novato a nivel de Doble A.

La decisión de Jordan de dejar la NBA en plena cima de su carrera para poder perseguir una efímera carrera como pelotero profesional todavía es una fuente de curiosidad. Con mayor razón ahora que la serie documental producida por ESPN, “The Last Dance”, acerca de los Bulls de Chicago de Jordan captura la atención en un extraño período sin deportes en vivo.

La historia dice que Jordan, abrumado por el peso de su fama, consumido por su propia brillantez en las duelas de baloncesto y emocionalmente desgastado por la trágica muerte de su adorado padre, persiguió el beisbol como un nuevo reto y una distracción necesaria.

Y todos aquellos en el beisbol que trabajaron y jugaron junto a Jordan. quedaron impresionados y convencidos con la honestidad de su esfuerzo.

“Respetaba el juego”, aseguró el piloto de los Indios Terry Francona, quien dirigió a Jordan con los Birmingham Barons. “El muchacho me agrada bastante. Lo respeto. Aprecio la manera en que supo llevar las cosas”.

Francona no es el único que opina que Jordan podría haber llegado a las Mayores. Probablemente no como una estrella, eso sí, pero al menos como un jugador reserva, dada su voluntad y ética de trabajo que aportaba para refinar sus talentos natos.

LO TOMÓ CON SERIEDAD

Entonces de 31 años de edad, Jordan entregó todo su corazón y alma a un deporte que fundamentalmente hace trabajar músculos diferentes del cuerpo, un deporte que MJ había abandonado cuando era niño, un deporte en el que su padre se inspiraba tanto durante aquellas contemplativas conversaciones entre padre e hijo.

“Michael Jordan dejó todo lo que había ganado como el rey del baloncesto para jugar beisbol de ligas menores y convertirse en sujeto de críticas.

“Arriesgó completamente todo para competir, con nada qué ganar. Esa es la esencia del deporte. Hasta el día de hoy, SI nunca se ha disculpado con Michael, y él nunca hablará con ellos”, dijo Francona.

Tal es el instinto competitivo de Su Majestad.

“Si uno le decía que no”, relata Francona, “él iba a encontrar la manera de convertirlo en un sí”.

Jordan bateó .202 en Birgminham, y ese número significa cosas distintas para personas diferentes.

UN CASO ESPECIAL

Jordan les decía a sus compañeros que le dejaran cualquier cosa que querían que les firmara en la oficina de Schneider y que se ocuparía de eso al final del día. Cuando los muchachos le preguntaban sobre zapatos o indumentaria, Jordan llamaba a sus contactos en Nike, y en uno o dos días llegaba un paquete.

“Un muchacho de Venezuela le pidió que le firmara una pelota de baloncesto”, recuerda Schneider. “Le dijo a Michael, ‘Si firmas una pelota de béisbol, vale US$100. Si me firmas una de basket y me la llevo a mi país, puedo alimentar a mi familia por un mes”.

Naturalmente, Jordan se la firmó, de la misma manera en la que firmaba para todos esos fanáticos que se abalanzaban sobre su Corvette rojo cuando se detenía en una luz roja de Sarasota esa primavera o de Birmingham aquel verano.

LLENABA LOS ESTADIOS

Los Barones recibieron a más de 467 mil fanáticos en casa y jugaron en estadios repletos en la carretera toda la temporada, estableciendo récords de asistencias en el camino. El béisbol, de cierta manera, no le permitió a Jordan, que se había cansado del basquet y todo lo que implicaba su figura, la oportunidad de hacerse inaccesible.

Pero aquellos largos viajes en autobús que son parte de la vida en la Southern League le dieron a Jordan el chance de bloquear por ratos el mundo exterior, y los aceptó con los brazos abiertos, así como sus compañeros aceptaron encantados el nuevo autobús que adquirió para el equipo.

Jordan tampoco se quejó de los cuartos de los sencillos hoteles de la cadena La Quinta en los que se hospedaban los Barons.

“Yo no sé cómo es ahora”, dice Francona con una sonrisa, “pero en aquella época no tenían suites”.

LA ETAPA FINAL

Lo que estropea la historia, sin embargo, es el abrupto final.
Jordan se reportó al campo de entrenamiento en 1995, pero estaba decidido a no cruzar la línea si la batalla sindical entre propietarios y jugadores no se decidía antes de que comenzaran los juegos de exhibición.

Aunque algunos jugadores en la posición de Jordan han pedido una oportunidad en la huelga, y él había sido representante de jugadores de los Bulls y apreciaba la integridad del sindicato.

Así que cuando empezaron a llegar los jugadores de reemplazo, Jordan se fue de Sarasota a principios de marzo. Un par de semanas más tarde estaba jugando con los Bulls.

Nunca sabremos si su carrera hubiese podido continuar mucho más de no ser por la huelga. Francona, por ejemplo, cree que, para finales del verano con los Barones, Jordan ya tenía ganas de volver con su primer amor y ser nuevamente una superestrella.

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